Escrito el día 19-06-2015 12:59 por Cecilia Verri Kozlowski
Categorías: Ninguna
¡Ring-ring…!Vamos, está sonando el despertador. Arriba, dormilón, abre los ojos y mira por la ventana; comienza un nuevo día y la mañana es espléndida. Anda, sal de la cama pues el mundo está lleno de promesas. Te sientas en la cama; durante unos segundos sientes una punzada de angustia por haberte despertado, pero ese dolor desaparece poco a poco sumido en la resignación. Un nuevo día, sí, un día en el que todo es posible. Te levantas, te duchas, te pones el uniforme del colegio, desayunas en la cocina, recoges la mochila con los libros y te despides de mamá con un beso. Que pases un buen día, dice ella, sonriendo. Un buen día... como ayer, como mañana, como siempre. Sales a la calle, faltan quince minutos para que comiencen las clases. Automáticamente, comienzas a caminar más despacio; si llegas demasiado pronto, te encontrarás a tus compañeros en el patio, y eso no es bueno, ¿verdad?, no, no, no, nada bueno, así que no corras, tranquilo, arrastra los pies, procura retrasar al máximo el momento de la llegada. Las nueve en punto... Las nueve y cinco..  Conforme te aproximas, un nudo se va formando en tu estómago y sientes ganas de darte la vuelta y salir corriendo, desaparecer, pero sabes que no puedes, sabes que tu deber es ir al colegio, estudiar, formarte, y aguantar, y aguantar, y aguantar, soportar lo insoportable. Ya está, has llegado. El patio se encuentra casi desierto, buena suerte. De pronto, escuchas a tu espalda unos pasos acelerados; son tres compañeros tuyos que llegan corriendo. Al pasar a tu lado, uno de ellos te da un doloroso palmetazo en la nuca; los otros dos se ríen. Bajas la mirada y sigues caminando en silencio; hoy no vas a llorar, te dices apretando los dientes, no, no llorarás. Entras en clase. El profesor ya ha venido y los alumnos se están sentando. te diriges a tu pupitre, que se encuentra al fondo del aula, en una esquina. Cuando estás a punto de llegar, alguien te pone la zancadilla y te caes. Todos se ríen. Te sonrojas y piensas –hoy no vas a llorar, no– y te sientas, y sacas el libro de ciencias naturales. El profesor comienza a hablar acerca de los animales sociales. Los lobos son una especie social y su comportamiento está en gran medida condicionado por las relaciones con otros miembros de su raza. Su forma usual de organización es la manada, un grupo más o menos amplio de ejemplares regido por una severa pauta jerárquica. Así pues, cada miembro de la manada posee un diferente grado de estatus que determina su acceso al alimento. Los rangos se establecen mediante una serie de luchas y enfrentamientos rituales en los que realmente pesa más el carácter y la actitud que el tamaño o la fuerza. Cada manada tiene dos líderes claros: el macho alfa y la hembra alfa, que guían los movimientos del grupo y tienen preeminencia sobre los demás a la hora de alimentarse, procrear y criar a sus camadas. Por debajo de los líderes se encuentra el macho o la hembra beta, que solo muestra obediencia a los alfas, y así sucesivamente. En ocasiones, existe un rango marginal llamado omega. El lobo omega ocupa el último puesto de la manada y es el blanco (alvo) de todas las agresiones sociales. Víctima del desprecio de sus congéneres, el lobo omega adopta una actitud de sumisión permanente y puede acabar abandonando el grupo para convertirse en un lobo solitario. Las diez y cinco, acaba la clase  y comienza la clase de lengua. La profesora te pregunta y tú contestas erróneamente; tus compañeros se ríen. De ti. Una vez más. No importa, estás acostumbrado. Las doce menos cinco; suena el timbre y comienza el recreo. Los alumnos abandonan  el aula, pero tú lo haces despacio, sin prisa, porque sabes que nada ni nadie te espera. Sales al patio, te sientas en el suelo, y contemplas a los demás. Nadie te va a pedir que juegues al fútbol, nadie se va a aproximar para charlar. Es el vacío absoluto, se limitarán a ignorarte. En cierto modo, este es el peor momento del día, ¿verdad?, cuando durante el recreo ves a tus compañeros jugar y reírse. Entonces, la soledad se abate sobre ti  y sientes una tristeza enorme consumiéndote por dentro, y te preguntas por qué, qué les has hecho tú para que te traten así, pero eso da igual, chico omega; puede que seas más bajo, o más gordo, o más tímido, o más torpe, no importa; lo único que cuenta es que eres difeente y eres más débil (fraco). Ese es tu pecado y ellos son el castigo. Las doce y cuarto, termina el recreo. Las dos siguientes clases –música y plástica– transcurren sin incidentes y llega la hora de la comida. Te diriges a la cantina junto con el resto de los alumnos y te sitúas al final de la fila; Nadie te habla, nadie se aproxima, ni siquiera te miran. Hay cientos de chicos rodeándote, pero estás solo. Regresas a casa; no piensas en nada, no sientes nada, llegas y besas a mamá. ¿Qué tal el día?, dice ella, y tú respondes: Muy bien. Luego, aunque no tienes hambre, meriendas, y te vas a tu cuarto para estudiar, pero no puedes concentrarte. Nunca puedes concentrarte. Llega papá del trabajo y lo saludas, y poco después cenáis los tres juntos, y ves la televisión, pero estás distraído y te cuesta seguir el hilo de los programas, así que te despides de tus padres, te lavas los dientes, vas a tu dormitorio, te pones el pijama, te acuestas y apagas la luz. Tardas mucho en conciliar el sueño, pero poco a poco logras ir durmiéndote. Este es el mejor momento del día, ¿verdad?, porque cuando duermes no sientes nada y quizá sueñes que no estás solo, así que cierra los ojos, chico omega, refúgiate en el sueño, pobre niño herido, porque allí los lobos no podrán atraparte.
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Este blog de orientación educativa está creado para informar y ofrecer recursos sobre Bullying, a toda la comunidad educativa (alumnos, padres, profesores, tutores). Al mismo tiempo, forma parte de las clases de Español, en el Instituto Liceu Albert Sabin.

Cecilia Verri Kozlowski

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