JUEGO, LUDOTECA, LUDOLOGÍA, LUDOTERAPIA
Escrito el día 25-10-2018 20:44 por Pedro Fulleda Bandera
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En primer lugar hay que clarificar el concepto. Como DESARROLLO se identifica una categoría propia de las doctrinas filosóficas, como tendencia universal (de todo lo existente) a transitar de formas y estadios simples a otros más complejos. Todo cuanto existe en la inconmensurable Naturaleza, sea animado o inanimado, está regido por esta tendencia inevitable e indetenible, que impulsa el decursar de la materia desde sus inicios (¿...?). De modo que, como categoría filosófica, el desarrollo es el proceso natural de crecimiento y evolución regido por leyes físico-químicas-biológicas en estrecha y permanente interacción, evolución que conduce a la aparición de las formas superiores de vida como constante obligatoria en cualquier parte del Universo, y con ello el desarrollo, además de su vinculación con lo natural, adquiere una connotación artificial con la civilización, resultante de la acción creadora de seres inteligentes. Y en este plano el desarrollo tiene que ser abordado desde dos enfoques básicos: lo individual y lo social.
El desarrollo en lo individual tiene una connotación biológica, natural, de carácter ontogénico o vinculado con el individuo en particular, expresándose con su proceso evolutivo desde el nacimiento, el crecimiento, la maduración, y finalmente el final de la existencia, siendo por tanto objeto de estudio de las ciencias médicas, psicológicas, etc. El desarrollo en lo social tiene una connotación ética y económica, de carácter filogénico o vinculado con la especie en general, expresándose con los procesos de producción, reproducción, intercambio, comunicación, enseñanza, legislación, y demás actividades objeto de estudios de las ciencias sociales, humanísticas, etc.
De modo que tenemos tres enfoques diferentes para tratar el mismo concepto: el desarrollo como categoría filosófica, el desarrollo como tendencia individual, y el desarrollo como proceso social. Para comprender su alcance es indispensable considerar tales interpretaciones y cómo interactúan recíprocamente. Se trata de un triángulo cuyos lados se nombran, respectivamente: Naturaleza, Individuo, Sociedad.
En las contemporáneas sociedades de consumo el concepto de desarrollo se asume esencialmente en su connotación social, vinculado con el denominado “estado de bienestar”, considerándose que una sociedad será desarrollada si cuenta con una economía sólida y puede brindar a sus miembros elevadas condiciones de vida por el poder adquisitivo, capacidad de disfrute, alto nivel educacional, etc. Se asume el nivel científico-técnico como principal recurso para alcanzar semejante desarrollo social. Pero es evidente que si a cambio de ese bienestar se ponen en riesgo otros fundamentales componentes de la existencia, como los intereses individuales y los de la Naturaleza, tal situación estará lejos del deseado desarrollo humano. Es común que para llevar a cabo ciertos procesos científico-técnicos los países nombrados “desarrollados” atenten contra los entornos naturales y la propia existencia humana. El calentamiento global y el cambio climático del planeta, la aparición artificial de plagas y epidemias, la pérdida de valores y normas éticas y morales de convivencia, son algunos de esos efectos que niegan el desarrollo humano.
Para que el DESARROLLO HUMANO sea una realidad es indispensable que junto al bienestar (o tendencia a estar bien) se cultive el bienser (la tendencia a ser mejores seres humanos), de modo que el triángulo mágico de la existencia, NATURALEZA-INDIVIDUO-SOCIEDAD, se preserve en su integridad e interacción, lo cual es todavía una asignatura pendiente en el planeta Tierra.

En el esquema piramidal NATURALEZA-INDIVIDUO-SOCIEDAD, la interacción se da del siguiente modo: para que se preserve la Naturaleza tiene que cambiar la actuación de la Sociedad, y para que eso ocurra tiene que modificarse el comportamiento del Individuo. De modo que el ser individual es el primer eslabón de la cadena. No diré que es el más importante, pues los tres lados del triángulo son igualmente indispensables para mantener la estabilidad de la existencia.
La validez de esta confirmación está en el hecho de que cualquier programa sobre desarrollo humano que pretenda ser exitoso necesariamente deberá tener como punto de partida su accionar sobre los individuos, sobre las personas que conforman un determinado conglomerado social, procurando que en ellos se potencien en igual medida los empeños dirigidos tanto hacia el bienestar como hacia el bienser. Eso quiere decir que así como los programas educativos procuran dotar a cada individuo de las capacidades, las aptitudes y los conocimientos profesionales necesarios para actuar de manera productivamente útil en la sociedad, tienen que procurar dotarlo también de las actitudes y convicciones ético-morales que le permitan ejercer una correcta interacción con sus semejantes, siendo mejores seres humanos.
Lamentablemente, en general los sistemas educativos promueven más el aspecto aptitudinal que el actitudinal, incentivados por la necesidad de responder a las exigencias productivas de las sociedades de consumo, donde la capacidad profesional es un requisito indispensable para el competitivo mercado laboral. Se preparan efectivos para el ejército de fuerza de trabajo requerido por el desarrollo social, y no se preparan debidamente los agentes de cambio para el conglomerado social requerido por el desarrollo humano. En consecuencia, no se modifican los Individuos, no cambia la Sociedad, y no se preserva la Naturaleza.
Cuando se esgrime el fundamento de LÚDICA POR EL DESARROLLO HUMANO se está promoviendo, en primer y esencial lugar, la necesidad de modificar el comportamiento individual, con recursos como los que aportan la Ética filosófica y la Comunicación social, y mediante acciones placenteras basadas en el ejercicio de la libertad como condición inicial del cambio hacia el bienser.

Este es el argumento fundamental de proyectos que, como la Metodología FLEDO, promueven la acción lúdica cual recurso indispensable para la transformación de la caótica e irracional realidad en que actualmente vive la sociedad humana y se deteriora el ecosistema planetario, precisamente a partir del cambio en las personas desde las más tempranas edades en todos los contextos, la familia y la comunidad, y tanto dentro como fuera de las instituciones educativas, como parte de una efectiva educación no formal.

Ven aquí y entrarás en conocimiento de la LUDOLOGÍA, disciplina que promueve el estudio de la Lúdica como generador del desarrollo humano mediante acciones placenteras con pleno ejercicio de la libertad e intencionalidad educativa y formativa en valores...

Pedro Fulleda Bandera

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